El estímulo -mi preferida forma de consejo

Padres, hijos, hermanos, maestros y en ocasiones, amigos, tenemos la necesidad y obligación de dar consejos. Sin embargo, muy pocos de nosotros recibimos entrenamiento para darlos de manera eficaz. En ocasiones solo nos dejamos llevar por las emociones del momento.

Aunque es verdad que todos necesitamos consejos en la vida, no siempre se presenta el momento o la oportunidad de darlos de forma positiva y animadora. Además, dar un consejo puede interpretarse como: “soy mejor que tú.” Y ese sentimiento va a cerrar las puertas de la buena comunicación que se necesita para ayudar a quien lo necesite.

En la mayoría de las ocasiones no hay prisa para dar un consejo. Saber esto puede ayudarnos a tener paciencia y esperar el momento oportuno. Mientras tanto, hay algo que siempre se puede hacer y siempre cae bien. ¿Qué es?

Cualquier persona reaccionará mejor al estímulo y sin lugar a dudas, el estímulo es también una de las formas más dulces de aconsejar a los hijos, a la familia, a los amigos y, en general, a nuestros discípulos, en el caso de los maestros. ¿Por qué?

En primer lugar, porque a nadie le ofende una palabra de ánimo y de aprecio. Mucho menos en estos tiempos en que todos vivimos una vida agitada en la que nadie parece tener tiempo para animar, y pensar en los demás. Así que, una expresión de “buen trabajo” siempre es bien recibida. De hecho, cuando lo hago, algunas veces, me responden con un “¡Gracias! ¿hay algo en que puedo mejorar?” Entonces, decido si le señalo el punto débil en ese mismo momento, o pienso que tal vez es mejor hacerlo más tarde en otra oportunidad. Dependerá de lo serio de la deficiencia, el momento en el que hablamos, y de la persona en cuestión.

Por supuesto, no siempre, luego de decir una palabra de ánimo, el estudiante me dice “¿hay algo en lo que puedo mejorar?” Si ese fuera el caso, no digo nada más. Simplemente le dejo el estímulo en su corazón y ya está. Por lo menos sabe que me fijé en su esfuerzo y que lo felicité por lo bueno. Cierro la boca y todo queda en una felicitación sincera. Ya habrá alguna ocasión en la que pueda mencionar el punto que quería resaltar. Además, me da la oportunidad de pensar en el consejo que le iba a proponer. ¿Realmente es tan importante el asunto?  ¿Es una debilidad recurrente o fue algo que difícilmente volverá a repetirse? Si bien el aconsejado debe meditar en el consejo recibido, igualmente debe hacerlo el consejero, ¿no le parece?

¿Pudiera pasarse por alto el error? ¿Pudiera mencionarse como comentario general en otra oportunidad? Si un padre, un hermano, un pariente o un maestro siempre está sobre nosotros con alguna crítica, consejo o sugerencia, va a llegar el momento en que la persona aconsejada o incluso toda la familia, va a ponerse a la defensiva. Cuando alguien se pone en la “trinchera,” estaremos lejos de ayudarlo y muy cerca de irritarlo. De manera que es sabio seleccionar con cuidado los “cuándo, los cuántos, la gravedad y los porqués”.

Aunque se puede argumentar, la línea entre el consejo y la crítica es muy delgada. Entonces, meditemos en el asunto y concentrémonos en elogiar el esfuerzo, el trabajo, el valor y la intención. Así, contribuiremos a una mejor relación con nuestros hijos, hermanos, discípulos y amigos. Eso sí, por favor, asegúrese de que el consejo es necesario, de si es el momento de darlo y por supuesto, ofrézcalo con la única intención de ayudar.


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Posted on

October 19, 2026

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