Se define la confianza como “la esperanza firme, la seguridad o la creencia en la honestidad, la capacidad, la sinceridad o la rectitud de una persona, cosa o institución.” Por lo que dice la definición, parece ser un gran reto lograr la reputación de ser una persona confiable. Y no cabe duda de que es así. Sin embargo, hay algo a nuestro favor. La confianza no es un reto imposible de alcanzar. Pilotos, médicos, ingenieros e incluso familiares y amigos cercanos han logrado ganarse y mantener la confianza que hemos depositado en ellos. Y eso no se lo hemos regalado, se lo han ganado gracias a su forma de ser, su trabajo y su conducta digna de crédito. ¿Lo lograron de un día para otro? ¡Claro que no!
La reputación de una persona, e incluso la de una institución o un negocio, se fortalece con el trabajo realizado día a día. Eso quiere decir que con el paso del tiempo, llegaron a alcanzarla y a fortalecerla. Una vez se edifica confianza, es menester mantenerla. Fortalecerla seguirá siendo algo que haremos todos los días. El secreto está en la constancia. Ahora bien, ¿qué acciones podrían hacer que se pierda la confianza? Consideremos algunas.
LAS MENTIRAS: Las mentiras, grandes o pequeñas, destruyen la confianza en un santiamén. Incluso las mentiras que parecen insignificantes pueden derrumbar la confianza que tenemos en alguien en quien tal vez hemos confiado por mucho tiempo. Y la razón es que las mentiras generan un pensamiento negativo muy destructivo. Cuando sabemos que se le mintió a alguien, uno se pregunta si acaso también se nos ha mentido a nosotros y no lo hemos descubierto. Además, ¿no podría hacerlo con nosotros también? Esa sola duda rompería todos los hilos de la confianza. De manera que alguien en quien confiamos nuestra amistad o nuestro negocio no puede ser un mentiroso.
OCULTAR INFORMACIÓN: Hay personas muy hábiles en ocultar información. Pudiera ser que se tratara de una venta o de un mantenimiento o trabajo mecánico. Ocultar información o decir medias verdades es otro ingrediente destructor de la confianza. Recordemos que una media verdad es, casi siempre, una mentira. Medias verdades para obtener un beneficio harán mucho daño si fueran descubiertas. Quien usa medias verdades derrumbará de un solo golpe la confianza depositada en ella. Lo que sucede es que la omisión deliberada de hechos relevantes se percibe como un engaño. Es verdad que, en ocasiones, clientes o amigos hacen preguntas que podrían ser “indiscretas” y que en realidad son tan personales que no nos sentimos cómodos contestando. No hay necesidad de ofender ni de mentir. Podemos decir algo así como: ¿Pudieras explicarte, por favor? ¿Te sientes incómodo con algo que he dicho o hecho? Podemos ser francos y solicitar más información para poder entender el ángulo específico de la preocupación de tu cliente, familiar o amigo. De todas formas, siempre que uno sea cortés y respetuoso, podrá aclarar de buena manera una duda o un malentendido y eso, de seguro, mantendrá la confianza ya ganada.

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