“Qué será, será”… una historia que está en nuestras manos.

Fue publicada en el año de 1956, de modo que tenía yo unos diez años de edad. Recuerdo dónde estaba la primera vez que la escuché y la reacción que provocó en mi la dulce voz de Doris Day. Se trataba de la canción que esta misma cantante popularizó: “Qué Será, Será” escrita por Jay Livingston y Ray Evans. Te ofrezco una copia de la canción, aunque, puede ser que muchos de mis lectores recuerden a sus abuelos tararearla alguna que otra vez. Luego que la escuches, con atención, lee mis comentarios y si te es posible, déjame saber tu opinión sobre ellos. Si te animas a pasar este blog a tus amigos puedes hacerlo en confianza. ¡Escuchemos esta vieja pero interesante canción!

La canción se inspira en la curiosidad que nos es natural a todos los seres humanos, y en particular la de los niños. ¿Quién no ha sentido curiosidad por su futuro? ¿Qué nos espera? ¿Viviremos muchos o pocos años? ¿Nos casaremos algún día? ¿Seremos felices? ¿Tendremos hijos?

Con perspicacia los autores de la canción dejan en quien la escucha el peso de la responsabilidad de su futuro. Le dice la madre a su niña que el futuro, en realidad, yace en sus manos. Que no nos corresponde a nosotros los seres humanos leer el futuro que lo que será, será porque cada uno de nosotros ha hecho que sea así.

Entienda el lector un poco la generación de la década de los cincuenta sobre la que voy a comentar. Lo hago, no porque lo haya leído en los libros de historia sino por mis propias vivencias y recuerdos. La II Guerra Mundial había concluido en 1946 y el mundo occidental se encontraba frente a un cambio extraordinario, no experimentado antes. Cambios que superarían los muchos que efectivamente acontecieron durante la década de los veinte.

En los cincuenta los padres enseñaban a sus hijos a asumir responsa-bilidad. Recordemos que ellos mismos habían sido sobrevivientes de la guerra y habían enfrentado sus propias responsabilidades, dolores y penurias. Estaba en el corazón de la sociedad occidental recalcar a los hijos que tendrían en sus manos las enormes responsabilidades de la vida y que junto con ellas, debían asumir el éxito o fracaso de su vida.

Aunque es cierto que hay muchos factores que intervienen en nuestra vida para que lleguemos a ser lo que somos, lo cierto es que, tenemos nosotros mismos mucho que ver con nuestro futuro. Por nuestras malas decisiones podemos arruinarlo vez tras vez o por el contrario podemos tomar buenas decisiones y vivir una vida de bien de la que algo bueno pueda decirse el día que muramos. Nadie tendrá que ir rebuscando por los rincones  algo bueno que decir de nosotros.

Seguramente nos damos cuenta de que este pensamiento es muy distinto a pensamiento actual. Hoy padres e hijos le echan la culpa a todo menos a ellos mismos. Es culpa de mi marido, es culpa del gobierno, es culpa de las escuelas, es culpa de los maestros, es culpa del casero, es culpa de mi padre… siempre es culpa de otro menos de nosotros mismos. Lamentablemente sicólogos y consejeros, clérigos y filósofos nos ayudan mucho tratando de convencernos de eso mismo y ¡nos encanta!

Sobretodo les encanta a todos los que no quieren o no pueden aceptar responsabilidad. ¡Este planera está lleno de fracasados por culpa de los demás! En fin, hoy, no asumimos responsabilidad. Con todo, lo que será, será, y tendremos que vivir con eso.

Me encanta un dicho que aprendí en Puerto Rico, la Isla del Encanto, que dice: “la culpa, nunca cae al piso”. ¡Claro, siempre hay alguien que cargue con ella! Muy cómodo pero muy distante de la realidad.

Piense en el momento en que tomamos la decisión de casarnos. Es muy, muy probable que nos preguntemos: ¿Qué será? Y la respuesta será la misma: “lo que será, será” Cada cónyuge tendrá que poner de su parte, no uno, los dos, pues el matrimonio es una cuerda compuesta de más de una hebra. Por supuesto, bien llevado cada miembro puede añadir o quitar felicidad. Cada miembro será responsable de dar más de lo que pide y así asegura la felicidad. La refuerza con cada acción y con cada palabra de amor, cariño y respeto por su pareja.

Luego cuando nacen los hijos, cada uno puede añadir una hebra a la fortaleza de la familia, pero como con todo, las relaciones familiares no son indestructibles aunque en este momento sean ideales. Cada miembro de la familia va a fortalecerla o debilitarla y siempre lo hará conscientemente ya que para hacer lo bueno o lo malo debe tenerse primero, la intensión, y luego pasar a la acción. Siempre que la intensión sea buena lo que será, será, para el bien de la entera familia. 

Hay otro punto interesante en la lección que transmite esta canción. No nos corresponde saber el futuro. ¿Qué piensa de eso, estimado amigo? Es una buena pregunta porque implica un reconocimiento franco de que no nos corresponde saber lo que será. Si lo supiéramos es muy probable que no fuéramos felices. ¿A quién le gusta que le cuenten el final de un libro? ¿Le complace al lector que le cuenten el final de una película? A la mayoría no (a menos que tengamos que contestar estas preguntas en un examen de literatura).

Me dan mucha pena los que se empeñan en conocer su mañana y vez tras vez son engañados. Vez tras vez caen en la trampa. ¡Ni el mismo que trata de decirles el futuro sabe cuál será el de él! La gran verdad es que no sabemos nada de mañana… excepto por lo que hacemos hoy. Si hacemos lo bueno hoy, la respuesta será la misma mañana: “qué será…¡será!

 

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