El tiempo, el juez implacable que lo resuelve todo.Cuando todo marcha como nos gusta, sentimos que estamos en control y que hemos alcanzado ciertos logros que nos permiten mantener una rutina tranquila y feliz. Son lo que llamamos “buenos tiempos”. A veces esos buenos tiempos se presentan en paquetes de días, semanas y de vez en cuando, años. Lamentablemente, en el mundo difícil de hoy las cosas pueden cambiar rápidamente.  Los buenos tiempos se van y puede que pasen muchos meses antes de que volvamos a sentirnos confiados otra vez. El ciclo no se acaba y se repite a lo largo de nuestra vida.

Ahora bien, ¿cuál es la actitud correcta y el proceder sabio en esos momentos de frustración? En pocas palabras, seguir haciendo lo correcto sin pausa o desvío.

¿Por qué es este el mejor camino? Porque el tiempo SIEMPRE, SIEMPRE, hace justicia. Esa es una realidad de la vida. Podemos llamarla la “regla de la justicia a largo plazo”. Y todos, finalmente, no solo somos enjuiciados por lo que hacemos sino también por lo que no hicimos en su momento.

Hay un versículo en la Biblia que lo dice con todas las letras. “No se engañen: nadie puede burlarse de Dios. Porque lo que uno esté sembrando es lo que cosechará. (Gál. 5:19-23) El texto es suficientemente explicativo de modo que no hay que aclarar ni sobreexplicar nada. No hay forma de escaparse. Es sabio y permanente. ¿Entonces? Entonces no tenemos que preocuparnos en exceso cuando las circunstancias nos lleven a un rincón incómodo. Si alguien las provoca, el tiempo juzga, no tu. Si nos vienen encima las consecuencias, por malas acciones de nuestra parte, debemos corregirlas. Si vienen por las acciones de otros, tendremos que soportarlas con valor, sin venganzas y esperar hasta que el mal hecho se deshaga por sí mismo. Sí, hay que PERSISTIR en lo que es bueno y en lo que es correcto sin importar lo que pase. Ese no es el pensamiento popular, pero ese es el pensamiento correcto. No esperemos juicios rápidos, seamos pacientes porque el juicio siempre llega y cuando llega puede que no se parezca a lo que en un momento de ira y de ceguera hubiésemos deseado.

Cuando los buenos tiempos se presenten, es probable que hemos seguido un patrón correcto. Eso no debe cambiar cuando parece que todo se nos viene encima. No siempre nos vienen los problemas porque estuviésemos haciendo algo mal, nos vienen encima porque “alguien” o “algo” nos perjudicó. Con todo, eso no debe cambiar nuestra persistencia en seguir haciendo lo que estimamos correcto y propio. No somos quienes para dar lecciones. Las lecciones las da Dios y muy a menudo, lo hace por medio del tiempo. No siempre envía castigos, plagas o sentencias universales. Muchas veces solo usa el tiempo. El tiempo lo dice todo, lo aclara todo, lo juzga todo con paciencia y también, sin falta.


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