Cómo educar a nuestros hijos en tiempos de crisis

Esta pequeñita quisiera ir a jugar afuera, pero por ahora es imposible por el coronavirus.

Más de mil millones de estudiantes están en sus casas en 173 países afectados por el Covid-19. Una verdadera crisis de educación. Sin embargo, la pandemia solo ha acentuado el triste hecho de que en muchos países del mundo, ya la educación de los niños ha estado en crisis por años. De modo que la magnitud de la tragedia en lo referente a la educación es, ahora, la peor que la familia humana ha vivido, o por lo menos, de la qué hay registro.

Pero la educación, detenida en muchos países, es solo parte del problema. Recordemos que centenares de miles de niños dependen de la escuela como fuente importante de su alimentación. Pero si las escuelas están cerradas se compromete a mayor grado la responsabilidad de la familia para suplir esta alimentación básica.

Sobre todo eso, los padres, que no tienen entrenamiento para ser maestros, se tienen que convertir, al grado posible, en los maestros de sus hijos en renglones con los que no estén familiarizados. De modo que vemos cómo se va acumulando reto sobre reto.

COSAS QUE PODEMOS HACER LOS PADRES

Los jóvenes se desorientan con facilidad. Pronto pueden perder el sentido del orden y olvidar su lugar en la familia. Pueden pensar que no hay nada que hacer y entregarse a ver televisión o jugar con el teléfono. Por lo tanto, es importante, muy importante ayudarlos a mantener una rutina que aunque flexible para cada hogar, edades y circunstancias, debe establecerse si queremos que no se convierta en una agonía el permanecer en casa. A continuación la primera sugerencia: la rutina diaria.

Una rutina diaria

Para lograr una rutina es necesario un programa que ayude a los niños y jovencitos a seguirlo. Abajo damos un ejemplo de lo que se puede colocar en una hoja de papel.

HORA Y ACTIVIDAD

8.30 am. Levantarnos, lavarnos y hacer la cama

9.00 am. DESAYUNO

9.30 am. ESCUELA: Seleccionar entre: Matemáticas o Historia

Se puede hacer el laundry o se puede limpiar la habitación.

11.00 am. Hacer ejercicios. Seleccione entre: bailar o montar bici.

12.00 m. ALMUERZO Y descanso

1.00 pm. ESCUELA: Seleccionar entre: aprender del león o del perro.

Pintar un elefante o una cebra y explicar dónde viven.

Ver un video sobre la vida animal.

3.00 pm. DESCANSO

Es importante que TODOS LOS DÍAS les preparemos un programa de estudio para que conserven la rutina, el buen humor y el tiempo se les pase más rápidamente. Claro, el programa de arriba puede ajustarse a las edades de los chicos e incluso, puede variar entre niños y niñas. Nos sorprenderá cuánto ayudará a nuestros hijos un programa adaptado a sus edades y gustos. En un próximo artículo les ofreceremos otras sugerencias.

Niñita cumple con su trabajo asignado por sus padres en el horario del día.

Finalmente, KomoSabe quiere felicitarles por el trabajo adicional que implica educar en casa a los muchachos. Ustedes no solo soportan las presiones de esta pandemia sino que también asumen con amor, otras responsabilidades. Recordemos que grabaremos en nuestros hijos experiencias que no olvidarán nunca. De modo que es tiempo de ser cariñosos, amorosos y pacientes. De seguro sus hijos se lo agradecerán… pero si no lo hacen, todavía tendremos la satisfacción de cumplir con nuestras responsabilidades de padres.

Todos necesitamos ¨un hermoso enemigo ¨

No se inquiete, pero es la pura verdad. Todos necesitamos un ¨ hermoso enemigo. ¨ ¿A qué nos referimos estimado lector? Le explico: La expresión ¨hermoso enemigo ¨ fue acuñada por el filósofo y escritor del siglo XIX Ralph Aldo Emerson. En el párrafo diecinueve de su ensayo sobre la amistad, Emerson dice que el verdadero amigo debe ser como un “hermoso enemigo”. ¿En qué sentido? En el sentido de que el que pretenda tener un buen amigo no debe pensar que este tiene que ser un constante adulador o estar de acuerdo con todo lo que piense, no. El verdadero amigo le plantea sus opiniones francas y en ocasiones se convierte en la persona que reta sus conclusiones y que exige razones.

Un verdadero amigo puede convertirse en ese ¨hermoso enemigo ¨, que refuta tus argumentos y que te pone a revaluar, reconsiderar e incluso retirar tus conclusiones equivocadas. No es un pusilánime que te sonríe cualquier estupidez.

Es interesante el concepto que sobre la amistad tiene Emerson. Creo que la mayoría de nosotros podemos concordar con el hecho de que un buen amigo debe hacernos mejores personas y que si va a ayudarnos tiene que hacerlo desde la perspectiva de que, sin herirnos, puede ayudarnos a ser mejores. Claro, ese no es el concepto más generalizado de la amistad que se vende como parcializada al amigo que hay que encubrir y proteger a cualquier costo.

Friendship word written on two pieces of puzzle

Sin conocer los argumentos y la filosofía de Emerson, siempre he pensado en muchos sentidos como él. No porque haya tomado un curso de filosofía sino porque el sentido de lealtad a la propia conciencia personal te lo dicta. Desgraciadamente no todos los amigos se dan cuenta de eso y terminan, aunque no lo reconozcan, resentidos cuando no estas de acuerdo con sus ideas, planes o conclusiones. Aquí tenemos una forma interesante de cómo se pierden los amigos. Ellos esperan que tu, de todas por todas, les respaldes, les felicites y los apoyes en sus acciones, sean cuales sean. Emerson dice que no. Dice que el verdadero amigo es el ¨hermoso enemigo¨ si no va a hacerlo, no me sirve de amigo, piensa Emerson.

LA VERDADERA AMISTAD SOBREPASA JERARQUÍAS

El otro punto interesante sobre la amistad es que, para mi, no hay jerarquías en la amistad verdadera. A mi, no me importa que seas o exhibas un rango o un puesto mayor que el mío, no me importa, y lo que pienso te lo diré igual… pero entre las amistades muchas veces se crean jerarquías y rangos que terminan destruyendo las amistades. Muchos piensan ¨ puesto que tengo un rango mayor que el tuyo debes cuidar cómo me dices las cosas pues recuerda que soy superior¨. El que piensa que por tener un rango mayor tiene derechos de lealtades a ciegas comete un grave error. Los verdaderos amigos no miran puestos, autoridades o rangos. Sería imposible ser un hermoso enemigo de alguien que dice ser tu amigo pero pretende que humilles tus ideas y tus opiniones porque él cree que es superior. Los que piensan así terminan con alcahuetes a su alrededor pero no con verdaderos amigos. He visto a muchos caer en esta trampa y sustituir amigos por lame ojos.

Un buen ejemplo de amistad verdadera en la literatura universal es la de David y Jonatán. Aquí vemos que ni la edad ni la jerarquía tiene por qué romper una amistad verdadera. Komosabe concuerda con ese concepto de amistad. ¿Piensas igual? Déjame saber tus experiencias. Aunque no sea el pensamiento popular, todavía, el verdadero concepto de la amistad que es el hermano nacido para cuando hay dolor, angustia o frustración debe vivir en nosotros. Pero sobre todo, debe vivir en nosotros el verdadero amigo, el que se convierte en tu ¨hermoso enemigo ¨.

Mature students working in library

Los tiempos cambian… ¿para lo mejor?

Vivimos solo unas cuantas décadas y morimos. Los que tienen la dicha de vivir ocho de ellas son escasos y muy afortunados. La historia nos ayuda a ver que cada diez años las cosas cambian. Cada década trae nuevos inventos, avances en la tecnología, cambios en la moralidad, en la mentalidad y la actitud de cada generación en un proceso que parece interminable.

Komosabe nació justo al terminar la Segunda Guerra Mundial. Al mirar atrás puedo recordar con alguna claridad los cambios o supuestos cambios que han estado al alcance de mi muy limitada mirada. A ver:

“Al terminar la Guerra en 1945 la humanidad sintió que era momento de reconstruir y de valorar la vida. Muchos países y capitales europeas tenían que levantarse de los escombros. Se sembraba un despertar de valores y esperanzas noveles. De 1945 a 1955 ese fue el objetivo general.

Con otros tonos se vistió la década de 1955 a 1965. Aquí se enfatizó la importancia de la educación como un ideal para el éxito en la vida. Recuerdo que los rusos anunciaron con orgullo que enviaron al espacio la perra Laika y que la recuperaron de regreso con éxito. ¡Que noticia! Pero harían más: en esa misma década Yuri Gagarin, también ruso, da una vuelta a la Tierra desde el espacio. Los viajes al espacio parecían estar a las puertas.

En Cuba, los barbudos bajaron de la Sierra Maestra resueltos a cambiar lo malo por lo bueno y prometieron el fin de los abusos de una tiranía. ¿Cambió realmente el panorama? Rápidamente surgió la crisis por el emplazamiento de misiles rusos en esa misma isla lo que casi provoca la III Guerra Mundial. El 22 de noviembre de 1963 asesinan al 35to. presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. El 2 de julio de 1964 el presidente Lyndon B. Johnson firma la revolucionaria ley de los derechos civiles. De un golpe la segregación racial queda prohibida en los Estados Unidos.

Durante la década siguiente de 1965 a 1975 se comenzaron las luchas para que se acepten los derechos civiles y los privilegios que la ley brinda a todos los ciudadanos. Una década de énfasis en derechos, pero no tanto a los deberes. El 4 de abril de 1968 asesinan a Martin Luther King, precisamente cuando las leyes de igualdad civil van abriéndose camino.

Los Estados Unidos al fin logra que un hombre pise la luna el 20 de julio de 1969. “Un paso pequeño para el hombre y paso inmenso para la humanidad.” Ahora esta nación se proclama al frente de la conquista del espacio.

Por otro lado, en esta década hubo mucha desmoralización producto de la guerra de Viet Nam y las protestas juveniles que se hicieron populares. Los jóvenes comenzaron a rebelarse contra las instituciones y se popularizan los hippies, la LSD, la marihuana y por supuesto, los Beatles. Los que vivimos esa década vimos cambios grandes pero no necesariamente para mejorar.

1975 a 1985 vimos cómo los padres se volcaron en la sobre protección de sus hijos, tal vez como resultado de las malas experiencias de la década anterior. Los maestros perdieron fuerza y los padres eran capaces de enfrentar a los maestros a favor de sus hijos. En Rusia comenzó a tomar fuerzas la Perestroika con nuevas promesas políticas. Padres sobreprotectores de sus hijos sembrarían la semilla de una generación por venir sin las herramientas necesarias para enfrentar el mundo cambiante.

En la década del 1985 a 1995 aparece una generación de jóvenes que se hicieron dependientes de sus padres. Una generación que enfrentaba el mundo, sin saber cómo. Los padres se hicieron más permisivos y parecía que todo lo que hicieran los hijos estaba bien. Comenzó la era de que la disciplina se convertiría en un enemigo que acomplejaba y afectaba a los hijos. La disciplina se convirtió en una mala palabra y aplicarla se convirtió en base para llevar a los padres a las cortes.

1995 a 2005 se revelan los fracasos nacionales, políticos y educativos por todas partes. Había confusión y parece que nadie tenía la respuesta. Unas instituciones decían una cosa y otras lo contrario. Se hizo público y a gran escala el abuso de menores por parte de clérigos. Cayeron las Torres Gemelas. El futuro no era como se pensó que sería en la década de la postguerra. El hombre no estaba viajando por las estrellas como era la propuesta de los años cincuenta.

Ese 11 de septiembre la vida cambió como la conocíamos

2005-2015 vuelve la tecnología a presentar la imagen de un futuro cómodo y accesible para todos. Apple y Microsoft luchan por el control del mercado de las computadoras. La revolución verde no alimentó a la humanidad, la capa de ozono se convierte en una amenaza real y el deshielo de los glaciares se derrite en proporciones no sospechadas. El hombre ve oscuro el futuro de su casa-planeta y la ciencia busca respuestas.

2015 al presente reflejan duras realidades que no podemos tapar con la mano. La corrupción a todos los niveles, el amor al dinero y a la fama enferman a casi todos los países del mundo. Surgen millonarios de un día al otro, nunca antes en el planeta ha habido tantos millonarios ni tanta inseguridad. Los valores se mueren. La tensión política, las enfermedades e incluso la pandemia del COVID-19 se convierten en elementos que cambian la vida de la humanidad por tiempos indeterminados.”

Para Komosabe, los tiempos parecen cambiar solo en el escenario, pero no en sus características básicas y vitales. Tal vez debemos empezarlo todo de nuevo. Como cuando un estudiante borra toda la página de su libreta y vuelve a empezar, aunque sea sobre borrones. Eduardo Galeano escribió: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo.” La pregunta es: ¿podrían cambiarlo para lo mejor?

Actúa, no sobreactúes frente a la crisis del covid-19

El equilibrio es lo que permite a un joven montar su bicicleta y es lo mismo que permite a un piloto actuar frente a un desperfecto de su aeronave en vuelo. El equilibrio gobierna el éxito de muchas acciones y profesiones. Es imprescindible a la hora de educar, orientar e incluso disciplinar a nuestros hijos. ¿cómo nos va ejerciendo equilibrio en estos tiempos de ansiedad familiar?

A muchos les va bastante bien, a otros les va regular y todavía a algunos de nosotros esto nos tiene patas arriba y con los pelos de punta el día entero. Por mucho, es más fácil salir de la casa a trabajar, aunque sea rompiendo calles, que quedarse en casa y tener que vivir 24 horas con los mismos personajes, con sus mismos problemas y provocando los mismos disgustos. No está fácil. Sin embargo, la realidad es que para sobrevivir a la crisis necesitamos equilibrio.

¿QUÉ ES EQUILIBRIO?

Y, equilibrio, amigos míos, no es dejar que los muchachos hagan todo lo que les place para que no nos traigan dolores de cabeza. No. Debe estar meridianamente claro que “pandemia” no es otra palabra para “vacaciones”. Y aunque ahora mismo algunos estén ciertamente de vacaciones, vacaciones no significa no hacer nada y estar el día durmiendo o jugando por internet. Eso no es equilibrio. Eso es desorden. El desorden provoca caos. El caos en el hogar es totalmente inaceptable.

De modo que el equilibrio trasmite la idea de no irnos ni a la derecha ni a la izquierda. Implica balance en nuestras actitudes y acciones. El balance nos trae armonía, igualdad, tranquilidad. No es que sea fácil para unos y difícil para otros, es que se logre equidad y balance.

Antes del covid-19 el tiempo que le dedicaban los padres a sus hijos en los Estados Unidos era de 8 minutos al día. Ahora, por obligación debería ser distinto y eso significa que debemos aprovecharnos del tiempo que hemos perdido para educarlos y para conocerlos mejor. Si no aprovechamos esta oportunidad no sabemos cuándo tendremos otra. No se trata de sobreactuar sino de actuar con prontitud y sabiduría práctica. Repasemos algunas sugerencias.

TUS HIJOS NECESITAN ACTIVIDAD FÍSICA Y CREATIVA NO IMPORTA EL SEXO

Hay que hacer ejercicio. Si no crees que funcionará el ejercicio como tal, entonces, hay que planificar tiempo para bailar, jugar o hacer otras actividades físicas. No descartemos caminar juntos, si eso es seguro en tu vecindario. La actividad física provoca hormonas que hacen que nos sintamos bien. No se olvide que lavar las ventanas de la casa, limpiar su cuarte y lavar el auto son parte de la actividad física razonable. Póngales proyectos y discútalos con ellos.

Los jóvenes necesitan actividad pero actividad supervisada no importa el sexo o la edad. Podemos y debemos confiar en nuestros hijos pero con equilibrio, recordando que todavía son inmaduros y fácilmente pueden desviarse de nuestras instrucciones si se encuentran con alguna tentación suficientemente poderosa como para desviarlos del objetivo planteado. Confiemos pero no sobreconfiemos.

¿Qué hay de actividad creativa? Esa también es importante. Entre las actividades creativas que podemos incitarles a hacer está el pintar, dibujar, leer, armar rompecabezas, fabricar o reparar algo que se necesite en el hogar. Si pensamos un poco hay mucho que hacer para enfrentar estos tiempos duros y de cambios.

SEAMOS CARIÑOSOS Y EXPRESEMOS NUESTRO AMOR

Con todo, no olvidemos que los niños son niños, no son enanos. No vayamos a los extremos tratándolos como adultos. Los jóvenes igualmente necesitan convencerse del bien que procuramos para ellos y por supuesto no nos olvidemos de las recompensas que se merecen. No debemos quedarnos cortos en elogios ni en palabras que expresen gratitud, aprecio y amor. Son nuestros hijos y los amamos pero debemos expresarles nuestros sentimientos. Seamos generosos en besos, abrazos y caricias. Y eso, aunque nuestros padres no nos las expresaran cuando nosotros éramos niños o jóvenes.

Definitivamente nuestros tiempos no son normales y si no nos cuidamos pueden empeorar. Queremos salir de esta crisis más fuertes de lo que entramos en ella, no más divididos, más decepcionados o más disgustados con nuestra familia. Depende de nosotros. Todo se logrará si somos equilibrados y no sobreactuamos.

Enfrentando nuevos escenarios -La familia bajo estrés

Desde hace mucho tiempo ya, las familias enfrentan grandes retos. La delincuencia, las drogas, la falta de interés en el aprendizaje y muchos otros problemas que incluso llegan hasta la falta de interés de algunos padres en la educación de sus hijos. Como si todo lo anterior fuera poco, ahora enfrentamos nuevos retos y nuevos escenarios: La pandemia del covid-19.

No podemos simplemente bajar la cabeza como el avestruz. Quedar en ignorancia no va a ayudarnos para nada así como tampoco nos ayudará ignorar lo que sucede. Tenemos que enfrentar los nuevos retos con el mismo vigor que enfrentaríamos una catástrofe natural. Le haremos frente sin importar la destrucción y el dolor que pueda causarnos. Si no lo hacemos estaremos entre los vencidos y no entre los vencedores. Podemos y lo haremos. ¡Si lo hacemos, venceremos!

RECONOZCAMOS LOS CAMBIOS

Si no reconocemos los cambios y seguimos viviendo en el pasado no vamos a llenar los requisitos necesarios para poder superar este gran reto. No estaremos a la altura de lo que se requiere y ya dijimos que queremos tener éxito así que no vamos a cegarnos. Haremos lo que haya que hacer ya que después de todo es para beneficio de los que amamos y deseamos proteger.

Lo primero es lo primero, tenemos que seguir las pautas del estado para nuestra protección. ¿Cuáles son? Hagamos un repaso rápido y general:

  1. Usar una mascarilla.
  2. Conservar la distancia social de 6 pies (mínimo).
  3. Lavarnos las manos con frecuencia.
  4. Desinfectar la compra.
  5. Evitar actividad social, por el momento.
  6. Quedarnos en casa el máximo posible.

Seguir las pautas de arriba es actuar con sabiduría en vista del nuevo escenario que enfrentamos. No seguirlas representará un atraso en el progreso que deseamos alcanzar para erradicar o por lo menos controlar el covid-19.

FAMILIA BAJO ESTRÉS

No vamos a ignorar la presión que las pautas ya mencionadas van a ejercer sobre la familia. Y serán mayores dependiendo de las actitudes de cooperación y comprensión del problema así como de la composición familiar. Dicho de otra forma, dependerá de la habilidad y el deseo de cada miembro de la familia por cooperar para beneficio de todos.

En el caso de los menores de edad, es necesario explicar el problema de forma que lo entiendan. No queremos asustarlos pero tampoco dejarlos en ignorancia. Los niños pequeños captan la ansiedad de su alrededor y son afectados más por lo que no conocen que por lo que conocen. De modo que hay que sentarse y explicarles el problema de una forma sencilla.

Una madre dice a su hijo de 9 años: “El covid-19 es como un catarro. Solo que es un catarro que puede hacernos mucho daño. Puede hasta matarnos. Si nos cuidamos no vamos a pescar este catarro fuerte. Vamos a repasar juntos lo que podemos hacer para no enfermarnos. ¿Tu no quieres enfermarte, verdad? ” Esa fue una explicación que un niño puede entender y con paciencia también puede actuar de forma que se proteja él y proteja al resto de la familia.

Tratemos de cooperar unos con otros para beneficio de todos.

En el caso de los adolescentes el reto pudiera ser mayor. A ellos hay que explicarles su responsabilidad con relación a sus hermanos mayores, amigos, abuelos y otros que sepamos que el muchacho aprecia. En el caso de los adolescentes es necesario tocar no solo su intelecto sino también su corazón. Un padre habla con su hijo adolescente y le dice: “Hijo, tu mamá, tus hermanos y yo queremos pedir tu ayuda en este asunto de la pandemia del covid-19. ¿Tu sabes de qué estoy hablando? Necesitamos protegernos y queremos que tu nos ayudes a cuidarnos. Por eso te estoy pidiendo que cooperes quedándote en casa por un tiempo hasta que todo esto pase. No solo podemos perderte a ti sino que pudiéramos enfermarnos todos si tu o nosotros nos contamináramos unos a otros. Es cierto que muchos sobreviven pero otros están muriendo. No sabemos lo que pasaría con nosotros o con tus hermanos si alguno de nosotros nos contaminamos. ¿Crees que pudiéras ayudarnos?”

Lo mejor es obtener de todos una cooperación voluntaria que una obligada. A nadie le gusta estar bajo obligación y por eso el acercamiento debe ser positivo y voluntario para que alcance los resultados deseados.

Finalmente, NOSOTROS los padres y abuelos debemos dar el ejemplo y sacrificar nuestra libertad, al menos temporalmente, en pro de la familia. Ocuparnos en protegernos a nosotros mismos siguiendo las reglas de arriba y dando el ejemplo. El ejemplo es vital y comienza por nosotros.

El coronavirus nos ha planteado a todos un nuevo escenario.

Sí el escenario cambia como cambian los escenarios en una obra de teatro. El escenario del 2020 es ciertamente uno oscuro e incómodo. ¡No lo hagamos más oscuro y más incómodo por medio de una conducta impropia! Es asunto de enfrentar este desastre con voluntad y actitud de cooperar. ¡Miremos adelante, aprendamos, y tengamos éxito en cuidar nuestra familia!

3 asuntos que tomar en cuenta con nuestros hijos durante la pandemia

La presencia del covid-19 nos ha complicado la vida a todos en cuestión de meses. Y no hay duda alguna de que quienes más se han visto entre la espada y la pared son ustedes los padres. Ni hablar si se cría una familia en un hogar de padres solteros. Es un reto fenomenal que, sin previo aviso se nos ha venido encima. En realidad todos somos novatos en este tema por lo que repasar algunas sugerencias no nos viene mal a ninguno de nosotros. Por supuesto, es sabio tomar las cosas con calma y no aplicar las sugerencias a rajatabla. Pues bien, nuestra propuesta de abuelos es esta:

HABLA CON TUS HIJOS TODOS LOS DÍAS

Los pensamientos de nuestros hijos, y no solo sus pensamientos pero, más importante aún, sus sentimientos no son fáciles de sacar a la luz. Es como cuando se trata de sacar agua de un pozo profundo. Ya sé que la mayoría de los jóvenes padres nunca han hecho esto, pero, creo que casi todos hemos visto el procedimiento en alguna película. Tiras el cubo a lo profundo, sujeto de una cuerda, y te esfuerzas por elevarlo hasta donde ti… y nunca sabes lo que viene. En el mejor de los casos, una buena cantidad de agua. Luego, hay que repetir tres o cuatro veces el mismo ejercicio ¿no es cierto? Pues ¿cómo extraemos los pensamientos de nuestros hijos a la superficie?

Con paciencia. Tirando el cubo hasta el fondo y esperando que salga agua. Buenas preguntas son como ese cubo. Preguntas que no les incriminen ni con las que sospechen que estamos buscando algo que no existe. Conversar viendo la tele, se puede si no hablamos de algo muy serio. Conversar jugando un juego de mesa tamién se puede, otra vez, dependiendo del tema. Conversar un poco antes de ir a la cama, tal vez en el mismo cuarto antes de leerle alguna de esas historias que les gusta, es mi lugar preferido.

Sin embargo, cuando converses con tu hijo, déjalo con ganas de más. No hables y hables por media hora porque eso es fatal. Poco, suave y animador… si lo hacemos todos los días por 30 días del mes, es una buena cantidad de tiempo. Aprenderás mucho de tu hijo y él confiará más en ti. Con covid-19 o sin covid-19 no dejes de practicar esta regla. No falla.

Conversar con nuestros hijos no solo les ayuda a ellos sino también a nosotros

OBSERVA SU CONDUCTA

Si de una cosa nos sirve la experiencia es que, observando, podemos aprender más que de cualquier otra forma. ¿Necesitas preguntarle a tu hijo si se siente frustrado, enojado o bravo? Obviamente no. Lo conoces y puedes determinar enseguida su estado de ánimo.

Cuando lo ves así distinto, encerrado en sí mismo… es fácil comenzar una pelea con la pregunta que más problemas causa: “¿que te pasa?” Esa pregunta NO SE HACE. Dale espacio al muchacho y trata de comportarte de forma natural. Dale su espacio. Si no desea hablarte del asunto, déjalo. Mañana tal vez puedas preguntarle algo como “¿tuviste mejor día hoy? ” Así le abres la puerta a que se exprese, si desea hacerlo. Respeta sus sentimientos y espera. Claro, no todos los chichos son iguales y lo que puede funcionar con Pepito tal vez no funcione con Carlitos. La pura verdad es que la pandemia nos pone a todos un poco molestos al tener que estar dentro de nuestra casa por tanto tiempo, y, los muchachos no son diferentes.

Upset girl with teddy bear sitting on the floor at home

PROCURA QUE SE ALIMENTEN BIEN

Como sucede con muchos de nosotros, la ansiedad nos abre el apetito y en ocasiones queremos comernos un buey. Otras veces queremos comer solo “chucherías” y eso tampoco es apropiado. Además, durante estos tiempos de covid-19 tampoco conseguimos todos los alimentos que nuestra familia está acostumbrada a consumir. Eso también nos puede irritar a todos.

¿Qué podemos hacer? Podemos envolver a nuestros hijos en la compra y en el menú que vamos a preparar. Se puede comprar una buena carne molida y hacer juntos unos hamburguers. Otro día se pueden comer hoy dogs si eso les gusta y podemos comprar algunos de buena calidad. ¿Qué hay de preparar una buena pizza? Así vamos envolviéndolos y acercándolos a nosotros. Claro, esta no puede ser la comida de todos los días por lo que hay que preparar las mejores recetas que toda la familia “soporte” mientras estemos limitados.

Eso sí, TODOS LOS DÍAS debemos reunir la familia para tener, por lo menos, una comida juntos. La hora de la comida debe ser una ocasión feliz. NO es momento de quejas, de chismes o de réplicas. Queremos tener una comida en paz SIN CELULARES a la mesa. Esa debe ser una regla no negociable no solo durante la pandemia sino mientras vivan en casa. Recuerde: por lo menos UNA comida juntos.

Estas tres sugerencias nos pueden ayudar mucho a pasar lo mejor posible estos meses de ansiedad que si bien nos afectan a nosotros los adultos, tienen mayor impacto en los chicos. Es por esa razón que debemos dedicarles tiempo, observar su comportamiento y asegurarnos de que se alimentan bien.

De vez en cuando toda la familia puede disfrutar de algún alimento que les encante a los chicos.

Una buena excusa no es suficiente

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define lo que es una “excusa” de la siguiente manera: Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión.” A ver, eso quiere decir que cuando necesitamos un pretexto para no cumplir con una obligación, utilizamos una excusa, la mejor que podamos, por supuesto. De igual forma, cuando deseamos disculparnos por olvidar cumplir con una responsabilidad, nuevamente, podemos recurrir a una excusa. Esto nos queda claro, ¿cierto?

Ahora bien, debemos también comprender que nadie ha dicho que una buena excusa nos va a exculpar totalmente de una responsabilidad no cumplida o de un olvido, que pueda traer consecuencias graves. Con o sin excusa, tendremos que cargar con las consecuencias de lo que asumimos como responsabilidad o de lo que olvidamos por nuestra irresponsabilidad. Una vez comprendidas estas verdades fundamentales podemos abordar, de una vez, nuestro tema: La responsabilidad que tenemos frente a la pandemia del covid-19.

Quédese en casa, eso dice el slogan que presenta esta doctora con motivo de la pandemia del covid-19.

¿Quién puede encontrar una excusa lo suficientemente buena como para exculparse por contagiar a los miembros de su casa, luego de un paseo por la playa? ¿Quién puede encontrar la excusa perfecta por la que salió a compartir con amigos y trajo al hogar el contagio del covid-19? ¿Quién puede llorar frente al ataúd de su abuelo o de su abuela y explicar por qué no se quedó en casa y prefirió irse a bailar?

Recientemente escuché por las noticias a una madre decir que después de cuatro meses de quedarse en la casa por la pandemia, cedió a la petición de su hijo de ir a la casa de un amigo a compartir un rato. Dice que le dió pena con el muchacho. ¿Cuánta pena puede darle ahora que su hijo contagió a sus abuelos y uno de ellos está grave en el hospital? ¿Hay alguna buena excusa? ¿Hay excusa que valga?

Una buena excusa no es suficiente amigo mío. El covid-19 es un virus sumamente contagioso. Y no nos queda más remedio que tenerle miedo. Miedo a que no tendremos excusa, si contaminamos a los que amamos y tratamos de proteger. Si no le tenemos miedo al covid-19 aumentaremos la posibilidad de contagio. Si nos contagiamos, contaminaremos a los miembros de nuestra casa. Puede que algunos no lo pasen tan mal, como una familia de amigos que conozco. Los dos la pasaron con muchos dolores pero sus vidas no corrieron peligro y sobrepasaron, pero otros, miles más, han quedado enfermos o muertos.

Los médicos, enfermeras, paramédicos, farmacéuticos y muchos otros que trabajan en el campo de la salud son héroes que arriesgan su vida diariamente por atender a miles de enfermos. Muchos ya están agotados. Estos valientes, inevitablemente están en la primera fila de los que saben que deben ejercer las máximas precauciones. Saben que no hay excusa, absolutamente ninguna excusa que contemplar frente a esta pandemia.

De modo que ¿cuál será tu excusa? Es que tengo que ganarme el pan. Eso se comprende pero debes pensar con cuidado tus acciones pues no quieres pagar el pan con tu vida por causa de un descuido, ¿verdad? Otros dicen: ¡Es que no resisto el encierro! ¿Te entiendo, pero ¿cómo sabes que resistirás el covid-19? Otra excusa: ¡Es que mueren muchos menos que los que se enferman! Eso es cierto también ¿Pero, quién garantiza que los que tu contamines van a sobrevivir? Piénsalo bien. Actúa con madurez y sabiduría práctica porque ninguna buena excusa es suficientemente buena, si te contaminas o contaminas a los tuyos. Ninguna.

Claro, diariamente miles salen a la calle, cada uno con su excusa en el bolsillo. ¿Será una buena excusa que les servirá de algo? ¡Hum! Y ¿qué tal si no? ¿Que tal si al final, esa excusa no era tan buena, ni tan convincente? Podrán arrepentirte y por supuesto, todos les perdonaremos… pero ellos, ¿se perdonarán a si mismos?

El contagio del covid-19 va en aumento. ¿Será que las excusas no están logrando nada?

Amigo mío. Lo que no se teme se reta. No retes a quien puede vencerte. Nunca empieces una guerra que no estés seguro de ganar. Aunque es cierto que desde que se inventaron las excusas nadie pierde, también es cierto que ninguna buena excusa es buena, frente a la muerte.

Rio revuelto, ganancia de pescadores

Este dicho español nunca ha sido tan veraz como en estos tiempos en que nos ha tocado vivir. Nadie pone en tela de juicio el hecho de que todo está revuelto. Las instituciones más sólidas están más inestables que nunca y la gente menos paciente y más resuelta a buscar y buscarse problemas. Sí, vivimos meses de inestabilidad en la que no hay institución, social, comercial, política, sanitaria o incluso religiosa, que no esté siendo sacudida hasta sus mismísimos fundamentos.

Claro, rio revuelto, ganancia de pescadores. No falta quién busque beneficios de la confusión, la ansiedad, las dudas y la desconfianza. Y tampoco escasea el que, desesperado, va a buscar refugio a la boca del lobo.

El dicho dice: “rio revuelto ganancia de pescadores”. ¿Ves eso hoy?

De la desesperación dependen los que lanzan el anzuelo sin escrúpulo alguno para atrapar vivos a los que muerdan el sebo. A mi cuenta de Komosabe, de Facebook, e incluso a mi cuenta personal de internet llueven los mensajes con motivos dudosos sobre negocios en la bolsa de valores, inversiones, y aventuras en las que supuestamente puedes hacerte rico de la noche a la mañana. Además, invitaciones a grupos de Chad y mil cosas que son, a todas luces, producto de los que buscan ganancias personales y muchas veces a costa de proyectos dudosos. Sí, cuando el río está revuelto… pululan los pescadores.

Estoy seguro que yo no soy el único. La propaganda de los que quieren aprovecharse de toda esta confusión nos afecta a todos, por lo que nadie está excluido de caer víctima de las llamadas tramposas y de los anuncios engañosos. No caigamos en la trampa, estimado lector.

¡NO CAIGAS EN LA TRAMPA!

Si el río está revuelto, solo será ganancia de pescadores si tu y yo somos peces incautos, asustados y sin esperanza.

Mantenga la mejor rutina que pueda. No es momento de inventar nada ni de buscarle las 5 patas al gato. Podemos superar lo revuelto de la superficie del río, si sabemos irnos a lo profundo, donde todavía las aguas están tranquilas y donde podremos reposar sin temor a perderlo todo. Y claro está, no queremos ir a lo profundo solos, queremos llevarnos a los nuestros, a los que amamos que dependen de nosotros. Es nuestro deber protegerlos y no permitir que se los lleve la corriente. Sin embargo, para protegerlos hay que escucharlos.

¿Cómo podemos fortalecer la unidad familiar? Si nos mantenemos juntos, no será imposible seguir adelante. Habrá solidaridad entre los miembros de la familia y sabrán actuar como un solo individuo. No se esparcirán asustados haciendo cada cual lo que le parece. Si eso ocurre, tarde o temprano alguno va a caer en las redes de pescadores. Eso sería terrible y más dura la tribulación para el resto de la familia. Evitemos esos golpes con buena comunicación, perspicacia y unidad de acción en el núcleo familiar.

Ser perspicaz con nuestra familia va a ayudarles a pasar esta temporada difícil.

APRENDAMOS A NO DESPERDICIAR

Cuando hay abundancia, por regla general, hay mucho desperdicio. En vista de los tiempos que vivimos y lo inestables que están, aprendamos a no desperdiciar. Si lo hacemos nosotros, nuestros hijos van a aprender a hacerlo.

No desperdiciemos agua, luz, gasolina, papel y sobre todo, no desperdiciemos los alimentos. Tengamos un suministro acumulado en casa, por varias semanas, y ayudemos a la familia a estar contentos con lo que se les hace disponible. Nadie va a morir de hambre, pero no hay que comer en exceso de forma ovípara en tiempos en los que los recursos, muy pronto, pudieran estar limitados.

Motivemos a la familia a comprender que tal vez no tengamos, por un tiempo, todas las cosas que nos gustan y que por lo tanto, tendremos que sustituirlas por otras. No es el fin del mundo pero hay que aprender a estar contentos con lo que tengamos disponible.

Ser agradecidos va a contribuir muchísimo a superar estos días de pandemia y volver a la normalidad de aquí a un tiempo. Vivir con esperanza será una fuerza motivante para todos los miembros de la familia. Si todos nos cuidamos podremos contarlo en los años por venir.

De modo que NO DESPERDICIEMOS los recursos, lo que incluye el dinero. APRECIEMOS lo que tenemos y enseñemos a nuestros hijos a apreciarlo también. El río está revuelto. Agitarnos no va a calmarlo. Seamos PACIENTES y esperemos el tiempo en que podamos ver días mejores.

El PREJUICIO pandemia incurable

Todos fijamos los ojos en el COVID-19 sin darnos cuenta de que vivimos en medio de una pandemia incurable que carcome nuestros sentimientos de humanidad. Está acabando con nuestra sociedad y seguimos insistiendo en que no existe. Pero sí existe y no nos deja vivir tranquilos. El prejuicio atrasa, enferma como una pandemia y termina matando a millones. Sí, es una enfermedad mortal.

¿QUÉ ES EL PREJUICIO?

¿Que es exactamente el prejuicio? Pues dicho de forma sencilla es llevar una idea o tener una opinión pre-concebida de las personas por causa de su estatus social, su raza, su cultura o su religión, a veces también por envidia o por el simple deseo de destruir. El prejuicio se antepone a lo que sea nuestra propia y personal experiencia con otro ser humano. Por esa razón es malo y muy dañino, especialmente para la persona que lo posee. Sus cadenas son difíciles de quebrar. Casi siempre su dueño es también su peor víctima.

El prejuicio nunca es positivo ya que siempre debemos tener razones por las que hacemos lo que hacemos. Y cualquier cosa que hagamos movidos por una idea preconcebida es dañino para nuestra salud mental, espiritual y emocional. Claro, en el cien por cien de las veces, el prejuicio se nos ha inculcado en nuestro desarrollo. No nacemos prejuiciados contra nada ni contra nadie, lo que muestra que no es algo natural ni inherente en el ser humano. Podemos nacer con gustos distintos pero nunca con prejuicios. De modo que es algo que aprendemos, tal vez en el hogar, puede que en la escuela, con amigos o incluso inculcado en grupos sociales, religiosos, culturales o familiares.

Es difícil determinar dónde empiezan y dónde terminan los prejuicios pero nunca, nunca, nos pueden hacer bien. Siempre nos harán mal. Nos contaminarán y al final, como el peor de los virus, nos enfermarán sin remedio. Contaminados, asfixiados y enfermos, moriremos de una muerte lenta y cruel.

Los prejuicios, así como los virus, son muy difíciles de desarraigar o curar. Atacan la mente y el corazón de las personas. Cuando estos prejuicios se hacen públicos y patentes le llamamos discriminación y esa está por todas partes en todas las sociedades del planeta. Contamina a todas las razas y a personas de todo nivel social y económico. No queda nadie excluído. Deportistas, artistas, religiosos, pobres, ricos, hombres y mujeres, políticos y comerciantes, estudiantes y maestros, nadie queda libre de su contaminación. Es una pandemia imparable que nos destruye por dentro… sin remedio.

No se quita lavándote las manos porque lo que debemos lavar es el corazón. No lo matas con desinfectante porque lo que debes desinfectar es tu mente. Lo llevas y lo pasas a tus hijos y ellos a sus hijos en una cadena interminable de víctimas que andan muertos en vida, incapaces de reconocer su enfermedad.

Es tan fácil determinar cuando una persona se ha infectado con el COVID-19. ¡Si fuera tan fácil determinar cuando una persona está prejuiciada! Si cada día, hasta diez mil personas en un solo estado de este país se reconocen contaminadas del coronavirus ¿tienes una idea de los que todos los días se contaminan con los prejuicios que se siembran en las noticias, los periódicos, la radio y la internet? Las víctimas se cuentan por millares de millares.

¿ESTAS PREJUICIADO TU?

¡Pero yo no estoy prejuiciado con nada ni contra nadie! Si es así, estimado lector, así debe ser. No estás haciendo nada extraordinario. Solo que, no te jactes, ¡cuidate! Y cuídate bien, porque si te descuidas te sucederá como con los que se descuidaron con el covid-19 y terminaron enfermos, o peor.

No debería ser nada extraordinario ser una persona cabal que no se contamina con las opiniones populares, la propaganda y las acusaciones sin base. Lo correcto es que sepas diferenciar el uso del abuso y el bien del mal. Lo apropiado es que todavía puedas distinguir lo que es malo, como malo y lo que es bueno, como bueno y que mantengas tu frente en alto, limpio y con ojos brillantes. Si es así como eres, tu, que no te vendes ni te regalas en causas odiosas, repugnantes, cobardes, asesinas y mentirosas… pues, amigo mío, ¡es justo así como debes ser!

VIrus, Coronavirus

Mantente libre de prejuicios. ¡Lucha contra ellos como luchas contra una epidemia! Ayuda a tus hijos. Ayuda a tu familia a pensar y a actuar con razones y por razones, no por prejuicios. Todos estamos en peligro de contaminarnos. Y es que el prejuicio es peor que una pandemia.

SUBIR ES UN GRAN RETO… ¡PERO LO DIFÍCIL ES BAJAR!

Tanto la mente como el corazón figurado se preparan para el ejercicio de subir y de llegar a la cima. Desde que somos pequeños eso es lo que se nos inculca y se sigue reforzando durante toda nuestra juventud. Parece que durante toda esa temporada de la vida a nadie se le ocurre advertirnos de que llegarán los años de la bajada, del descenso, de las pausas, del descanso.

Resulta que al fin, cuando nos percatamos de que hay que bajar, ya estamos cansados de todos los años y esfuerzos por subir y subir. Cansados de tantos y tantos retos, peligros y temores de la subida, ahora nos damos cuenta de que el mismo trayecto de subida lo tenemos que realizar, bajando.

Piense en el deportista que lo da todo para llegar al Salón de la Fama y al que nadie le advierte de que va a llegar el día en el que ya no pueda jugar. Es, el presidente de una corporación a quien le llega la hora del retiro y ahora no sabe qué va a hacer con su tiempo ni con su vida. Es, la misma historia del que llega a viejo y entonces que se percata de que llegó el momento de bajar la montaña a la que le dedicó todo su esfuerzo en escalar, y se olvidó de que tendría que descender de ella al valle de la vida, a la retirada, a otro tiempo de pausas indeseadas.

Si en el camino de la vida, en ascenso, al pináculo de nuestros logros, solo pensamos en subir y no hemos tomado en cuenta el descenso, puede que encontremos, en esos momentos, los retos más duros y peligrosos. Incluso, puede que no logremos terminar lo que empezamos.

A menudo, la mayoría de los que ascienden por el camino de la vida solo fijan la vista en el que va adelante. Al hacerlo se les escapa mirar a los que van bajando. Si acaso les vieron se dijeron a sí mismos: -” ¡Bah! ¡Esos tontos que no tienen nada que hacer… ¡fracasados! Yo, en cambio, estoy ocupado subiendo. ¡Ganando y ganando!, ¡arriba y arriba!… ¡Cuánto se hubiesen aprovechado si se hubieran detenido a preguntar sobre el descenso y a aprender de ellos!

¿Pudiéramos ser tan ignorantes? ¿Por qué nunca se nos ocurrió, que aún habiendo llegado a la cima, tendríamos que bajar de ella? ¿Por qué juzgamos a los que van bajando cuando por ese mismo camino tendremos que pasar nosotros?

La historia de los alpinistas que escalan montañas nos refuerzan la lección que tratamos de transmitir. Les contaré:

El Everest

El montañista Ivan Vallejo llegó a la cumbre del Everest el 26 de mayo de 1999 sin oxígeno suplementario y alcanzó la cumbre del K2 el 31 de julio de 2000. Volvió a llegar a la Cumbre del Everest en la primavera de 2001, otra vez, sin el uso de oxígeno embotellado, el 23 de mayo. En sus narraciones Vallejo cuenta que su amigo montañista Debrouwer Pascal de Bélgica, llegó a la cima del Everest… pero luego al bajar de ella, murió.

Ivan Vallejo, del Ecuador llega a la cima
del Everest en la primavera de 2001.

También recuerda que en mayo de 2002, otro, esta vez su compañero de expedición Chris Graswick también llegó a la cima del Cachenjunga y luego de celebrarlo, también murió en el descenso.

Continúa diciendo que en mayo de 2013 su colega JuanJo llegó a la cima del Dhaulaguiri, pero desgraciadamente también murió en el camino del descenso. ¿Cómo es posible?

Vallejo nos explica que esos descensos entran en lo que se conoce como “estadística de fatalidad en el descenso” un término que se acuña por causa de los montañistas que logran llegar a la cima pero luego mueren en la bajada. ¿No nos ofrecen estas dramáticas historias algo en lo que meditar?

Vallejo concluye: “Alcanzar la cima de una montaña de ocho mil metros de altura, sin oxígeno suplementario, es un ejercicio muy exigente tanto mental como físico, de modo que al llegar a la cima es natural que se celebre como corresponde. Pero, enseguida uno quiere escapar de lo que se conoce como la “zona de la muerte,” que es ese espacio por encima de los ocho mil metros de altura. Como ustedes seguramente comprenderán, si exigente es la subida, más lo será la bajada.”

¿No le parece curioso, estimado lector? Se le llama a la cima: “la zona de la muerte”. Impacta también saber que el descenso que hacen los montañistas establecen estadísticas llamadas “fatalidad en el descenso”. Sí bien el ascenso tiene sus enormes retos, el mayor peligro parece residir en los descensos.

Aprendamos a respetar a los que han logrado llegar a la cima y han sabido bajar de ella incólumes. No es sabio jactarnos en el ascenso, en nuestros años fuertes, en nuestros momentos de logros y tiempos de poder, pues ¿cómo sabemos que lograremos llegar sanos y salvos del descenso? Es evidente que en la cima nadie se queda y tampoco te quedarás tu allí. Es la zona de la muerte. Tendrás que bajar.

En resumen, no te enfoques en el ascenso, en la subida, ve dejando postes marcadores de amor, paciencia y cariño fraternal por tu semejante mientras vas en ese camino ascendente. Luego, cuando llegue el tiempo de descender, vas a volver a pasar por esos mismos postes marcadores y te serán de oasis, de descanso, de fuerzas, de estímulo y de alegrías. Los que has amado en el camino de tu ascenso te esperarán de regreso… y esos son los que siempre han valido la pena. ¡Ese es el verdadero momento de celebrar!

Por lo tanto, aprendamos esta lección de la vida que muy bien conocen los montañistas: “Subir es un gran reto pero lo difícil, es bajar. “